Por Prof. Erasmo Lepage (Docente - Periodista- Investigador) / Foto: Tucupita Today -
VOTAR O NO VOTAR, HE AHÍ EL DILEMA
Por otra parte, son elementos importantes las conocidas actuaciones deshonestas de las bancadas partidarias oficialistas imponiendo su hegemonía avasallante, en un intento por mantener una candidatura con poca aceptación y credibilidad. Sin argumentos válidos marcado por un egocentrismo repitente y cansón, -Les juro; Denme el voto; Cambiaré la economía del país-, a ello se suman un cúmulo de promesas olvidadas sin cumplir. El poder permite al candidato oficialista tener un aparente dominio de la competencia sobre los demás participantes. Una ventaja irreal imposible de cuantificar.
Las convocatorias verbales hechas por dirigentes del partido y directivos institucionales a los trabajadores públicos, notificadas con carácter de obligatoriedad, llevan implícitas de manera solapada y deshonesta el engaño para aumentar la asistencia a actos y concentraciones del partido. La hegemonía se ejerce sobre las instituciones con lineamientos que giran entre lo confusos del partido y la institucionalidad del estado.
Las concentraciones programadas en agenda del candidato del denominado frente amplio en Tucupita, Bolívar, Maracay y otras ciudades, retransmitidas por los noticieros y programas en la televisora estatal y otros canales del país no contrastan con los videos grabados y subidos al internet por ciudadanos que no tienen distinción política, evidencian visiblemente la otra realidad no revelada en los medios financiados por el gobierno, y en las retrasmisiones a través de medios privados temerosos por estar con el dedo inquisidor de cierre señalándole.
Los montajes transmitidos por el canal del estado (VTV) no califican en su objetividad. Las ediciones estratégicamente recreadas por equipos comunicacionales en favor del oficialismo intentan engañar a los telespectadores con efectos poco creíbles. El mensaje solo llega a un bajo porcentaje de incautos desconocedores de procesos aplicados en la producción de un video, en cambio, no sucede lo mismo con los asistentes o residentes que presencian los mítines, grabando la realidad que suben a las redes y contrastan con las producciones oficialistas. De igual manera, es difícil engañar a expertos en comunicación conocedores con detalles de cómo se construye una realidad o un espejismo visual.
Por otro lado, las estadísticas de tantas empresas encuestadoras no tienen credibilidad por sus reconocidas tendencias mercantilizadas. Es confuso determinar con datos falsos los verdaderos cálculos porcentuales de votos para cada candidato.
Si la encuesta es a través de medios radiales, se hace imposible diferenciar la tendencia y favoritismo de los oyentes, por la enorme cantidad de programas pagados por partidos que reciben llamadas de sus seguidores. Existen audiencias determinadas apegadas por tradición a ciertas frecuencias radiales parcializadas y llaman en mayoría para favorecer a sus candidatos, lo que resta asertividad en los cómputos.
No se puede establecer la verdadera tendencia o inclinación de los ciudadanos con solo estar pegado a la radio, televisión y las redes sociales. Todos se reconocen ganadores. El triunfo de Nicolás Maduro, Javier Bertucci o Henry Falcón puede estar cifrado en la asistencia masiva o no de votantes a los centros electorales. De igual manera ronda el fantasma de la abstención que puede presentarse al llamado.
